El concepto proviene de un libro escrito por Edward Osborne Wilson y titulado precisamente así, Biophilia, publicado en 1984 y que ganó dos premios Pulitzer. La biofilia es la conexión con el planeta. Ha existido en todas las culturas, en cualquier parte del mundo. Porque el ser humano no puede sobrevivir sin una relación responsable con las plantas, los animales y los elementos no vivos de este planeta.
Vivir entre edificios de hormigón y carreteras de asfalto nos alejan de este sentir natural, pero sólo hay que llevar a un niño a un parque y comprobar qué bien se lo pasa entre ese oasis de naturaleza de la ciudad para darse cuenta de que la biofilia está en los genes. Arquitectos y diseñadores de espacios urbanos se han percatado de la importancia de este concepto y tratan de hacer las ciudades más naturales, si se me permite la expresión.


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